¿A donde vamos cuando morimos?

Jesús, quien había conocido la eternidad por experiencia, hablo mucho acerca de la vida después de la muerte, de hecho, más que nadie en toda la Biblia. En el capítulo 16 de Lucas, Jesús cuenta la historia de un hombre rico, de un mendigo llamado Lázaro, y la conversación entre ellos después de su muerte.

 

            El hecho de que el hombre rico, en el infierno, reconoce a Lázaro, contradice la creencia en la reencarnación. La gente no reencarna en otra persona o animal de acuerdo a su karma, sino que continúa existiendo como ella misma. En esta historia, Jesús enfatiza que el cielo y el infierno son reales. El cielo es un lugar de confort. El infierno es un lugar angustiante. La Biblia utiliza imágenes como calles de oro porque la realidad del cielo es mucho mejor de lo que podemos imaginar, y el infierno es mucho peor. Jesús también aclara que no se puede ir de un lugar a otro porque hay “un gran abismo” en medio, que nadie puede cruzar.

 

            Muchos creemos en el cielo y en el infierno, pero nos preguntamos cuanto tiempo nos llevara llegar a nuestro destino final después de la muerte. ¿Tendremos que purgar algunos pecados primero? ¿Dormiremos en nuestra tumba hasta que Jesús regrese el día del juicio final?

 

            Encontramos la respuesta a estas preguntas en la promesa que Jesús le hizo al criminal que expresó su fe en Él cuando agonizaba en la cruz junto a la crus de Jesús: Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). Jesús le aseguro que ese mismo día estarían juntos en el cielo. No hay que esperar o dormir ni mucho menos sufrir en el purgatorio. Pablo dice: dejar el cuepo es “estar con Cristo (Filipenses 1:23).

 

            Pero Jesús no solo nos dio una idea acerca de la muerte, él murió para que nosotros no tuviéramos que morir (Mateo 20:28). Aun dijo, “Ciertamente les aseguro que el que cumple mi palabra, nunca morirá” (Juan 8:51). Ya que él sabe que muchos de sus seguidores van a morir, parece que tiene una persona diferente a la nuestra respecto a la muerte.

 

¿Qué es la muerte?

 

            C.S. Lewis describe a los humanos como “anfibios – mitad animal y mitad espíritu” y nos explica que “Como espíritus, pertenecen al mundo eterno, pero como animales habitan el tiempo”. Esta colorida descripción nos ayuda a entender la enseñanza bíblica acerca de las dos clases de muerte: física y espiritual. La muerte física es cuando el alma se separa del cuerpo. La muerte espiritual es cuando una persona se separa de Dios. Así que como “anfibios” vivimos y morimos en dos lugares – en el tiempo y en la eternidad.

 

            La gente que solo acepta la parte “animal” o física de la humanidad ve el nacimiento físico como el principio de la vida y la muerte física como su fin. Pero la Biblia enseña que la vida va más allá de nuestra experiencia física. Jesús dijo: “Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero…” (Juan 17:3). La vida verdadera es estar en relación con Dios, disfrutando lo que conlleva: paz, bendición, prosperidad y vitalidad. La muerte es dolor, destrucción, maldición y castigo.

 

            A causa del pecado de Adán en el Edén, todos los seres humanos nacen separados de Dios y solo a través de Jesús podemos llegar a la vida (Romanos 5:12-20). Cuando la gente que está espiritualmente muerta, muere físicamente, está doblemente muerta (Apocalipsis 20:14 llama al infierno la “muerte segunda”). Cuando las personas espiritualmente vivas, mueren físicamente, se “ausentan de este cuerpo y viven junto al Señor” (2 Corintios 5:8b).

 

            Así que lo que ocurre después que morimos físicamente es solo otro paso en la senda que ya hemos transitado. Si le has dado la espalda a Dios y te alejas de él, al morir, las puertas se cerrarán y no hay posibilidad de volver. Pero si ya has recibido vida en Cristo, avanzarás a una mayor intimidad con él y te llenará del gozo y paz que solo Él da.

 

            Tú tienes las mimas opciones que Moisés presentó ante los israelitas: “Te he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición. Elige, pues, la vida, para que vivan tú y tus descendientes. Ama al Señor tu Dios, obedécelo y sé fuel a él, porque de él depende tu vida…” (Deuteronomio 30:19-20).

 

Por Annette Gulick.

 

Biblia G3 de Crecimiento Juvenil Nueva Versión Internacional, Editorial Vida Miami Florida. usado con permiso Reservados Todos los Derechos La Santa Biblia Nueva Versión Internacional 1999 por la Sociedad Bíblica Internacional. www.bibliag3.com

 

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